2 meses y 4 días…
La sexta parte de un año pasó en medio de disputas, plantones y gritos de políticos que contenían palabras que mucho más de la mitad de la población no habían oído jamás (¿“espurio”? Inculto seré, pero no había oído esa palabra fuera de en un diccionario) y nosotros nos quedamos así como el chinito n’omás milando…
En la última entrada en According to Pac intenté hacer un análisis de lo que fueron las campañas. Prometí una segunda parte (que no creo que alguien [si es que alguien se toma el tiempo de leer lo que escribo] me haya creído) y aunque no es exactamente esto, supongo que una secuela a “un bolillo y dos mercados” no es una idea.
Regresemos al punto en donde me quedé en un bolillo… Eso fue escrito el 2 de julio de este año con propósito de aterrizar lo que pensaba en relación al desmadre de ese día y lo que había pasado antes. Si quisiera hacer una distinción tajante entre la postura antes de la elección y la de después, rayaría entre lo idílico y lo tonto; hemos visto las mismas caras, los mismos tonos y hasta el mismo fulano que hace la voz en los anuncios de la CCE.
Tenemos de un lado al que se intenta tiranizar, hacer ver malo pero que el pueblo lo quiere y del otro tenemos al que se nos quiere hacer ver como un hombre legal, transparente y que habla bonito.
Ninguna de las dos posturas podría estar más apartada de la realidad…
Usemos el mismo esquema que la anterior entrada….
López Obrador
Si hay alguien que esté echando toda la carne al asador en estas semanas es Nuestro Señor López. Está bastante claro que está (en elegantes palabras de otra gente que escribe de política pero que puede presumir un título) “dilapidando su capital político”.
Aunque esto suena en realidad bonito cuando estamos tomando el café con los amigos, el significado real de esta frase es un poco complicado de aterrizar a lo que hace AMLO en estos momentos y aparte de todo está lleno de una carga ideológica.
López definitivamente está haciendo todo lo posible para descalificar en el terreno de lo social una elección que no se pudo romper desde el punto de vista legal y tan es funcional que incluso ha logrado meter la duda en algunos que son(mos) intermedios en el ambiente político.
Justificar mi duda es sencillo: aparte de todo el barullo de que si uno es espurio y si el otro es un peligro para México, puedo decir que conozco de primera mano testimonios de personas que fueron o acarreados u obligados a votar por cualquiera de los tres candidatos presidenciales.
Unos atribuyen al PAN programas como Oportunidades (Salinas argumentaría que rebautizaron al Solidaridad), otros que en su pueblo les quitaron las credenciales para votar y les condicionaron el voto al PRI y a otros les amenazaron con quitar una quincena si no votaban por y apoyaban en cualquier circunstancia a López.
No son inventos, son testimonios de gente que conozco.
Estos hechos nos llevan a algo que se da, se ha dado y dará por siempre en la historia de la democracia: no hay limpieza total.
Es idílico pensar que algún día habrá una elección en la que no se usen tácticas sucias.
Es idílico pensar que los contendientes a una posición de poder no harían lo posible para llegar a ella.
Es estúpido pensar que en algún momento la sociedad puede estar madura de manera de que todos aceptemos un compromiso político-social sin dar relevancia a qué fuerza política ejerza (o intente ejercer el poder).
El mero hecho de que el voto sea incentivado o por bienes o servicios, o por una campaña de miedo o por una vulgar torta implica que la democracia se vuelve un negocio en el que el que más invierte en mover la conciencia de la población es el que tiene mayor rédito al final con una jugosa recompensa.
…Regresemos un poco al tema que ya me salí de contexto…
López Obrador y su equipo lograron encontrar el justo medio para jugar con las dos cosas que más pueden acarrear a la masa: promesas y amenazas… Promesas de que la felicidad (que alguien me explique exactamente qué es eso, que no lo sé) iba a llegar con él y que se iban a acabar los privilegios (ah caray, cómo podría haber hecho eso sin meterse en terrenos ilegales para la cultura occidental).
Vámonos al otro lado de la moneda: Calderón y esbirros…
No podemos decir que Fecal no es popular… Tan popular es que la gente votó por él; el hecho de que los seguidores de López sean más vocales no significa que no existan los de Fecal. En un caso grave, es probable que pudiera acumular en una plaza la misma cantidad de gente (si no es que más por los que no están de acuerdo con él, pero tampoco con el barullo que hay) en una plaza…
Calderón representa al mexicano que deberíamos ser, según lo que se nos ha dicho aún si no estamos de acuerdo con ello: una persona relativamente impecable con estudios superiores destacables, de buenas costumbres y blah blah…. Todo eso suena bien dentro del contexto que sonaba bien lo que nos decían nuestras madres de que ser ordenados era bueno… En términos prácticos eso nos hace ver o poco eficientes o lelos (como ya he categorizado a Fecal).
López Obrador, por otro lado, es lo que todos aspiramos a ser en términos reales: una persona carismática a la que la siguen muchas personas sin en realidad saber qué hacen y que aparte tiene la enorme facultad de poder agarrar las leyes, hacerlas rollito y metérselas por donde les platico; aunque sus transgresiones a la ley han sido exageradas de forma ridícula por los medios y quienes los patrocinan (en particular en el desafuero… no me vengan con tanto desmadre para un cachito de tierra para conectar un hospital con una calle), también es un hecho que las ignora a las instituciones (“al diablo con ellas”, diría) y manda al soberano [insertar sustantivo a donde se mandan las cosas, empezado por c ya que los puritanos de Microsoft no quieren groserías en los Blogs] todo lo que podríamos llamar netamente Estado mexicano.
¿Mi postura? Habría que....
1- Encontrar acuerdos para regresar al cause legal en lo que reformamos las instituciones
o
2- Darle a Teotl-Huitzlilopochtli-Mexi un sacrificio de 3 personas (Fecal, López, Madrazo) para que esté feliz y que mejor aun, Patricia Mercado sea la presidente de México.

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