martes, 27 de noviembre de 2007

El año de los cerdos: 2007 o el anuario poco grato

En vista de que a todos les gusta adelantar el año, en lugar de ofrecerles un festival de navidad con pésimas analogías al santo clós, los reyes vagos y toda esa parafernalia, en According to Pac festejaremos el fin de año haciendo un recuento de los personajes más importantes de la política mexicana (las primeras entregas) y la internacional (las que no son primeras, pues sí…).

Empecemos pues…

Felipe Calderón Hinojosa

Es imposible pensar el año 2007 sin hablar de nuestro muy estimable Chaparrito Pelón de Lentes. Un sector habla de un presidente espurio, sin mayor poder que el constitucional (curioso, porque usualmente el poder constitucional es el máximo en el Estado) y otro de un presidente progresista, con visión y que cumple sus metas.
Estas dos aproximaciones a FCH, inherentemente opuestas en discurso, son apenas un índice de lo que ha sido la primera parte de su sexenio.
Primeramente, tengo que admitir que ha ido de menos a más. Cuando tomó posesión, parecería como si se hubiera escapado del bolsillo de Fox en el que iba escondido para saltar a la tribuna de la Cámara de Diputados, tomar posesión y sólo volverse a esconder, sin embargo, poco después empezó con una retórica sumamente fuerte, siempre tendiendo hacia el lado de la conservación legítima de la fuerza del Estado.
Este hecho es visible desde dos ángulos, uno, busca restaurar el Estado de derecho que se perdió en el país por la mano blanda (aunque grande) de Vicente Fox y Doña Martha. Otra lectura, igual de extrema, es que es un presidente que le tiene miedo a su gente y se esconde detrás de los soldaditos de plástico.
Considero que ambas lecturas son matizables (eufemismo para decir que son una total jalada) en tanto que sí es un hecho que la restauración del orden es necesaria, pero también es cierto que el saco militar le queda grande (no, en serio, las primeras veces que salió disfrazado de militar, el general muerto era más robusto).

Eventualmente salimos del discurso militarista para llegar a uno más conciliador hacia mediados de año, en donde ha tenido que empezar a hacer el resto de los roles de presidente de la república que van desde negociación de sus locas ideas para reformas (ya escribí en un post anterior acerca de ellas), reconciliarse con los partidos políticos de oposición y también de empezar una política exterior real.
Tengo que destacar la política exterior calderonista, aunque he de admitir que tal vez parece más de lo que es en realidad por la comparación con la inane política foxista. El reacercamiento diplomático con el gobierno de Chávez no es un asunto que me tenga con gran cuidado, sin embargo, después de la campaña de desprestigio y analogías que se establecían entre López y Chávez, es de destacar que al menos ambos presidentes se pueden ver sin escupirse. Más allá de lo que se pudiera ganar con una relación diplomática con Venezuela, es más de notar que está buscando el reencuentro con América Latina; sin el bloque completo de los países del sur del Río Bravo hasta la Patagonia, México no puede progresar y probablemente el resto tampoco.

El sexenio calderonista, sin embargo, ha estado cargado evidentemente de deudas políticas con algunos sectores que lo llevaron al poder. En particular quiero destacar a la “maestra” Gordillo. Es inaceptable la relación Gordillo-Calderón y se volvió aún más inaceptable cuando Gordillo empezó a denostar las acciones de Josefina Vázquez Mota (Secretaria de Educación Pública) en público. Es totalmente estúpido por parte de un líder admitir que un extraño insulte a un miembro de su gabinete y salga totalmente impune. La relación Calderón-Gordillo también ha repercutido en el sector educativo, pero eso va para la entrada de la maestra huachinanga.

Otro enorme desacierto del calderonismo ha sido la ineficiencia de poder reflejar la estabilidad macroeconómica a un nivel micro. Entiendo por completo que es necesario un balance en la (oh, la redundancia) balanza de pagos y un correcto manejo de las reservas internacionales, sin embargo, un porcentaje altísimo de la población no tiene ni la más remota idea de para qué sirve eso y, hasta cierto punto, me choca que me digan que vamos tan bien y que mi coca cueste cada vez más.
El signo más evidente de esa desatinadez calderonista fue el llamado “tortillazo”. Es totalmente cierto que el gobierno es incapaz de controlar el precio de la tortilla (no, no es un intento de la élite de matar de hambre a los pobres, como alegaría López), pero también es cierto que el “pacto de estabilización” que se firmó en particular con los socios del Antad no soluciona nada. Como lo he mencionado, somos animales coyunturales; abordó el gobierno el hecho que la tortilla sube y da un subsidio, pero no ataca el problema de raíz: la inhabilidad del campo mexicano para producir aún para consumo interno. Es un total disparate que México tenga que importar maíz y es una sinrazón aún más grande que se mande el poco maíz que hay a la frontera del lado de Estados Unidos, se procese como harina y se regrese. Caso parecido va con el petróleo. El fracaso de instalar una refinería en Centroamérica es un total fracaso del gobierno mexicano. Vamos a seguir extrayendo cantidades brutales de petróleo, vendiéndolas a precios miserables, esperando a que lo transformen en Estados Unidos y comprarlo en forma de gasolina.

Es de destacarse que aunque el gobierno federal tiene muchos errores, varios de ellos no son directamente culpa de la cabeza actual. Culpar a Calderón del TLC sería tan ilógico como culpar a Mickey Mouse del holocausto. Sigue siendo el mismo sistema, sin embargo, ligar o que se hace deliberadamente para atacar a los pobres o que ellos deciden directamente las riendas del mercado es un total disparate.

Dejé deliberadamente al último su condición de “espuriedad” más que para dar una opinión, para dejar la reflexión en la mesa para la siguiente entrada (la de AMLO)… ¿Realmente la falta de legitimidad del gobierno federal en cabeza del presidente está encarnada en Calderón o será que desde Madero (y eso cuestionablemente) no hemos tenido un presidente que haya sido elegido por elecciones libres? ¿En realidad la aparente falta de democracia en México es debida al aparente fraude electoral de 2006, o en realidad es un problema de fondo que llevamos cargando?. Mi opinión personal sobre la legitimidad de Calderón es un tono de gris marcado. Considero que en efecto, hubo alguna campaña sucia en contra de otros candidatos, sin embargo, no considero que haya habido un fraude en tanto a conteo de votos. Su legitimidad inicial estaba en disputa, sin embargo, es determinante en última instancia que él es el que posee el poder del, eh, poder ejecutivo mexicano. No es eso signo inminente de respeto (una autoridad, o cualquier persona merece un nivel estándar de respeto, pero el resto se lo tiene que ganar) sin embargo, considero inútil subirse al caballo de lo espurio para evitar una realidad inminente.
Este punto de vista se matizará fuertemente en la entrada acerca de López Obrador ya que considero que tiene enormes virtudes, pero este punto en particular es lo que está estancando al discurso político en general en todo el país y del que si no salimos, tendremos en 2008 una película que bien podría ser llamada El regreso de 2007, con los mismos protagonistas, la misma trama y sin siquiera un tío de armadura negra que grite “YO SOY TU PADRE”.


jueves, 13 de septiembre de 2007

Reformas; lo bueno, lo malo, lo feo y lo estúpido

Con un parafraseado título de película de Clint Eastwood comienza el segundo According to Paco en menos de un mes. Si se me puede inspirar a escribir estas piezas de prosa política más de una vez cada mes, es que o mis jugos creativos funcionan o que las cosas andan mal. Como todavía no me puedo jactar de la primera, asumiré la segunda.
Más de una persona ha dicho que suelo escribir de manera muy tendenciosa. Por más que procuro mostrarme neutral, o al menos criticar ambos lados, es imposible que mis filias y fobias no salgan a relucir, lo que sí he de defender es que lo que apoyo o en lo que desacuerdo no está en función de personas, sino de las ideas que exponen o defienden. Para comprobar este sencillo punto empezaré con la reforma propuesta por el Chaparrito Pelón de Lentes en materia fiscal y luego me voy con la reforma electoral. Ambas tienen claroscuros que a nivel personal afectan, pero el impacto mediático es también bastante interesante.

No más choro, porque aburrir a 15/9.568 lectores debe ser ilegal.

La reforma fiscal es una idea que se viene gestando desde la campaña de Foximiliano I de Guanajuato. No es ningún misterio entre los mexicanos que el régimen fiscal por el que se rige nuestro país no sólo no es sostenible sino que es bastante insensible a las necesidades reales del país. El modelo de crecimiento económico hacia afuera que hemos llevado desde tiempos del priásico ha traído una relativa estabilidad macroeconómica que no ha sido llevada al bolsillo de la mayoría de los habitantes y no es porque no se pueda, sino porque no se ha llevado como se debe.
Decir que México es pobre me parece, perdonen el adjetivo, una tremenda estupidez. No se puede pensar en pobreza (entendida como escasez de recursos) en la quinceava economía del mundo) en un país donde no sólo hay recursos naturales para echar para arriba (y no me refiero sólo a petróleo, sino también a minerales, tierras arables, etc) y una posición geográfica privilegiada (siendo vecino y posible puente comercial con la mayor economía del mundo) y menos si sabemos que ese país “pobre” es capaz de producir al hombre más rico del mundo.
México no sufre un problema de pobreza en bruto sino uno de desigualdad. La diferencia de ingresos entre el 20% más rico y 20% más pobre es de casi 17 veces; poniéndolo en términos más imaginables, lo que el 20% más pobre gana en año y medio es lo que gana el 20% más rico en un mes.
Otro de los (tantos) problemas es la corrupción y el innecesario gasto gubernamental. La corrupción no sólo hace que los recursos del gobierno se diluyan, sino que (mucho más importante) hace que la administración pública no cumpla sus funciones siquiera con lo que sí tiene. El gasto del gobierno está mal enfocado; no se invierte en infraestructura, pero se invierte en campañas políticas absurdamente caras; no se invierte en subsidios para lograr un campo competitivo, pero se gasta en focalizar programas de asistencia social que podrían mejor intentar arreglar problemas del sistema como conjunto y no sólo asuntos coyunturales.
Ese breve análisis de la pobreza y desigualdad es de donde una reforma fiscal debería partir: es un hecho que el gobierno necesita más dinero para trabajar y es un hecho que se tiene que pagar ya la deuda social que se tiene con los más pobres, pero eso es EXACTAMENTE lo que no está estipulado en la reforma.

PEMEX necesita un régimen fiscal que permita invertir en infraestructura, refinación y exploración de nuevas fuentes de combustible, no de pagar cirugías plásticas a sus miembros de sindicato.
Los partidos políticos deberían de mantener una democracia innecesariamente cara y en lugar de eso hacer que valga la pena un gasto de campaña.
Se debe incentivar la producción por medio de subsidios para el campo (incrementando el ingreso disponible por medio de transferencias), no tasar a las empresas que son las fuentes de trabajo (que a su vez dan salarios para que el mercado pueda moverse) con un impuesto absurdamente alto y por el cual no reciben ningún beneficio en absoluto.
No se debería re-estatizar los servicios de atención pública; evitar las donaciones empresariales a instituciones privadas no sólo no beneficia a las públicas sino que evita que los particulares puedan desarrollar sus necesidades que a final del cabo terminan también siendo las del país como comunidad.

Lo positivo de la reforma fiscal es que al menos entra en el discurso común que es necesaria y posible; el fondo es adecuado, pero la forma y costo político que se va a tomar no vale la pena por un incremento al crecimiento del PIB de sólo 0.5%

La reforma electoral es un boleto completamente diferente en el cual tengo más puntos a favor, pero como un breve impasse entre tema y tema me gustaría dar una respuesta a los grupos que dicen que fue cínico condicionar una reforma a la otra; la democracia se basa en acuerdos, negociaciones y lo que en lengua común diríamos “estira y afloja”. En virtualmente todas las democracias plurales del mundo un grupo incentiva al otro a negociar por medio de lo que uno tiene. No tiene por qué ser diferente en México.

Mi perspectiva de la reforma electoral es bastante diferente del primer borrador de este artículo. Por más que lo intenté, el peso de los medios electrónicos avasalló mi opinión pública. No fue sino hasta que llevé mi perspectiva al escrito que pude meditar (apoyado por medios impresos) qué es lo bueno y qué es lo malo de ésta.
Lo bueno, durante la campaña de 2006, como lo reporté en su momento, las campañas pasaron de lo atinadas a lo sumamente lelas. Las propuestas degeneraron en acusaciones y no han salido de allí. Una guerra sucia de los dos lados (comparar a López con Chávez es casi tan absurdo como comparar al Chaparrito con Hitler) dejó una opinión pública dividida y con una parálisis política innecesaria después de 12 años de (relativa) democratización.
El grupo protagonista de esta guerra no fueron los políticos; ellos se pueden parar en un estrado y ladrar lo que les venga en gana sin que tenga consecuencia relevante. Los verdaderos protagonistas fueron los medios electrónicos, que se pusieron al grito de guerra.
Para los no informados, parte de la reforma contempla evitar que los partidos contraten espacios en la televisión, usando mejor tiempos oficiales (que ya existen) para promocionar sus plataformas.
Recuerdo la tregua electoral en la que los medios no transmitieron la faramalla política en diciembre-enero de 2006. Ese periodo fue de normalización de la opinión pública. Ese breve experimento debería sentar precedente: cuando la grilla, no la política (es decir, las acusaciones, no las propuestas) sale de los medios, es más probable que la población regrese a un discurso personal y no uno politizado a favor o de un proyecto mesiánico o de un sistema pacificador (que al fin del caso ambos son caudillos aunque uno personal y uno institucional).
En cuanto se propuso eso, los medios electrónicos saltaron diciendo que se atentaba en contra de la libertad de expresión y muchas otras condenas. Pedro Ferriz de Con dio un discurso bastante combativo (como su estilo suele ser; usualmente no tengo desacuerdos tan brutales, pero el caso existe) en contra de la reforma pero eventualmente se pudo dilucidar el verdadero problema para los medios: la pérdida de muchos millones de pesos por concepto de anuncios desde en hora de Los Simpson hasta los anuncios de Madrazo durante los juegos de México.Remover el poder de dejar ver o no ver anuncios de los medios es sumamente importante para poder retirar el poder total de un solo grupo, sin embargo, también es sumamente injusto obligar a las televisoras (empresas que como tal pagan impuestos) a subsidiar la actividad política a costo de tiempo que podrían usar en otros patrocinadores.
Siguiendo con asuntos presupuestales, voy por la falacia de hacer la democracia más barata. Efectivamente se reducirán los tiempos de campaña, pero se “ignora” que el gasto por día sube en 40%. Es cierto que los gastos finales se reducen, pero lo que me causa curiosidad es si no pueden contratar anuncios los partidos, en qué van a usar ese dinero.

Suficiente positivo, vámonos a lo sumamente negativo.
Tal vez el mayor logro de la ciudadanía durante el priásico alto fue la constitución de una organización independiente de la entonces omnipotente presidencia de la república que manejara las elecciones. El Instituto Federal Electoral surgió como una opción para legitimizar la democracia que apenas surgía en México, producto del descontento ciudadano (de ese que sale de la sociedad civil, no de políticos disfrazados de ciudadanos) que viene desde el 68, culminando por el sacudimiento literal y figurado en el 85.
El IFE administró las elecciones de Zedillo en adelante quedando como un exponente de los órganos ciudadanos en el mundo.
Varios medios han intentado hacer ver que la propuesta de remover a los consejeros del IFE por medio de la reforma electoral es una revancha por parte del PRD y del PRI. Coincido con ellos pero pienso que esa definición es incompleta; el PAN está también en esa revancha.
El PRD y el PRI están claramente ardidos por haber perdido y sido relegados a ser la tercera fuerza, respectivamente y el PAN tiene sed de venganza porque el IFE falló en legitimizar la elección del nuevo régimen en el momento más esencial del proceso y conflicto electoral del 2006.
Remover a los consejeros del IFE abiertamente no sólo es un retroceso en casi en 20 años en nuestra de por sí retrógrada democracia, sino que es una sustitución de la figura del presidente omnipotente capaz de ignorar a la ciudadanía por un congreso omnipotente capaz de ignorar a la ciudadanía.

Coincido parcialmente en que el IFE necesita renovarse después de la crisis de 2006, pero remover a los consejeros desde un poder superior es claramente una violación a su autonomía. Una reforma a lo que se puede y no hacer desde ese órgano urge, es cierto, pero debe ser hecha hasta que los actuales consejeros terminen sus obligaciones no sólo con el sistema político, sino con la ciudadanía a la que al final habrán de rendir cuentas y serán premiados o castigados con la opinión pública.

En resumen: estamos por primera vez en un periodo legislativo en la que se está intentando hacer algo. Lástima que ambas reformas que son sumamente importantes para el desarrollo económico, político, social y ciudadano del país salgan por la vía del fasttrack en lugar de ser meditadas, consultadas y analizadas no sólo por políticos, sino por sociedad civil e instituciones académicas.

viernes, 17 de agosto de 2007

PRD, Informes presidenciales y otras debacles

Estando a escazas dos semanas del primer informe de gobierno del Chaparrito Pelón de Lentes, estamos viviendo otro (sí, otro) momento de turbulencia política en México.
Como si hubiéramos secuestrado al doctor Brown de Back to the Future (sólo que sin DeLorean) nuestra política ha regresado a exactamente el mismo discurso que hace poco; un lado diciendo que se deben defender las instituciones, promover el diálogo y buscar una "buena ley", citando a Calderón que a su vez citó a Morelos (que por cierto qué chacales están los anuncios de Banxico de "no me arrugues, no me ralles") sin poder en realidad poder poner una redacción correcta sobre qué diablos es una buena ley.
Del otro lado tenemos un PRD enfrascado todavía en el pasado, reiterando su desconocimiento al Chaparrito Pelón de Lentes pero que hoy "renovó" sus estatutos en una sesión general muy turbulenta en donde encuentro una cosa sumamente rescatable: por fin algún perredista tomó un momento de autocrítica, dándose cuenta que en el momento en el que el PRD se aisló de las demás fuerzas políticas del país, tuvo un retroceso de una asumida victoria presidencial en 1988 con Cárdenas a ser reducida por casi 10 años a la tercera fuerza federal. El PRD no puede continuar creyendo que existe en una burbuja discursiva separada a la realidad nacional no sólo por el bien de sus propios intereses sino porque es un hecho que es necesario un contrapeso al PAN y las facciones afines del PRI.
No hay gran problema con que el PRD quiera impulsar la agenda que proponía en su campaña presidencial López, pero sí hay algo de problema cuando quieren utilizar el capital político que se puede generar en el congreso al mismo tiempo que desconocen a Calderón y reconocen a López como su supremo comandante.

Regresando al tema del informe, en México somos una bandada de animales coyunturales; si va a haber elección, se habla de reforma electoral. Si va a haber votación de misceláneas fiscales, se habla de reforma hacendaria. Si va a haber informe de gobierno, espurio o no se habla de, así es, reformas al formato del informe presidencial.
Difiero radicalmente con los que dicen que fue una buena movida de Calderón llamar al debate directo en la Cámara el día del informe por la simple razón de que el debate es imposible. Lo demuestro con una (muy) falible fórmula matemática:

500 diputados+128 senadores+(PANX5+PRIX6+PRDX20) paleros+1 Chaparrito Pelón=Desmadre

Calderón intenta engañar a la opinión pública (estrategia válida por completo) dando una idea de apertura al diálogo mientras que es bastante evidente que, comprobado por mi fórmula (o por un acto de lógica, lo que mis inexistentes lectores prefieran), sólo llevaría a un peor debilitamiento de la ceremonia del informe. Si en verdad se quisiera un debate directo, una alternativa sería directamente hacerlo con los líderes de las bancadas de los partidos en una sesión aparte, en donde pudieran cuestionar al presidente y a los secretarios de Estado directamente acerca de sus acciones.
No es culpa de Calderón que el debate sea imposible; es una realidad más profunda y horrible a la que nos enfrentamos: en México nos da flojera debatir y es hasta cierto punto comprensible… ¿para qué debatir si es más fácil gritar?; ¿por qué hemos de discutir si es más fácil bloquear calles?; ¿por qué voy a escuchar al otro si es más fácil basar mis discursos en dogmas de alguna fe religiosa?

Como resumen: el PRD está en una encrucijada muy peligrosa de la cual me atrevo a decir que va a depender gran parte de su futuro inmediato, en particular los estados en disputa este año y a menor medida, su participación en el congreso en las intermedias de 2009. Si mantienen una posición totalmente doctrinaria como hasta el momento siguiendo irremediablemente los dictámenes que su mesías personal crea, negándole el acceso a Calderón al que puede ser el último informe de gobierno como estamos acostumbrados, entonces estarán mostrando que como partido no aprendieron nada y que pasarán por sequías de votos como en las últimas elecciones estatales en donde perdieron a gran parte del voto flotante que López a base de carisma consiguió, pero perdió a base de acciones vandálicas. La otra opción es que se repiensen como una opción coherente de izquierda que el país necesita urgentemente, una opción que sepa ser oposición y no sólo una barrera, dispuesta a integrar plataformas sociales y de asistencia pública al proyecto federal de estabilidad macroeconómica, que esté dispuesto a nivelar las demandas de justicia social con las de seguridad física que tanto necesita el país.

Más que en manos del PAN, el futuro inmediato del país está en las del PRD; si fallan en renovarse, dejarán que el PRIAN que ellos mismos construyeron apague las llamas de izquierda. Si logran reincorporarse, se podrían volver una opción de izquierda coherente.

lunes, 23 de abril de 2007

Aborta al legislador, no a la ley ni a la vida

Admito que iba a empezar esta edición de According to Paco con una línea graciosa que agarrara la atención de mis 0 lectores, pero la realidad es lo suficientemente graciosa sin moverle mucho.
Me choca tener que reducir el espectro político a la caricatura de derecha mojigata e izquierda extremista, pero en serio que los hechos políticos de los últimos días me obligan no a caricaturizar por mi propia mano, sino simplemente a describir la caricatura.
Como el título indica, voy a hablar del aborto. Este NO es un panfleto a favor del aborto y menos uno en contra. Aunque tengo una opinión sobre el tema, no es esa la que quiero expresar. Quiero más dejar ver cómo está desenvolviéndose el debate (o la falta de él).

En esta esquina, con pantaloncillo azul y un peso micro-mosca en el DF, la derecha mojigata.
En esta otra, con pantaloncillo amarillo, con tintes tricolores, azul-rojos y de cualquier partido que se quiera poner la camiseta de liberal, la izquierda extremista.

Me parecen interesantísimos varios aspectos que al parecer son el discurso recurrente
1- Cuando los de izquierda se manifiestan, es por el bien de la gente. Cuando lo hacen los de la derecha, es para fomentar el oscurantismo
2- Cuando la izquierda saca gente a manifestaciones masivas y bloquean calles, se le llama defensa de la democracia. Cuando lo hacen los de la derecha, son provocadores.
3- La Iglesia no tiene derecho a expresarse en ningún aspecto, menos cuando le convenga a la izquierda.

Esta es una aproximación (sumamente simplista) hacia el problema de comunicación que estamos viviendo. Estamos reviviendo un efecto "cállate chachalaca" sólo que en un tema sumamente profundo.
Aunque es cierto que el aborto no es la mayor preocupación que tiene el país (ni la segunda, ni la tercera, ni la centésima), también es cierto que por involucrar directamente a la vida tienen un peso en la opinión pública muy elevado.
El problema real de comunicación aquí no es que se debata el tema. Si los partidos en serio debatieran el problema de raíz, discutieran puntos y no posiciones, todo sería ideal. Pero México no es un país ideal.
Por un lado, tenemos a una izquierda que de manera avasalladora pasará una ley en esta semana despenalizando todo tipo de aborto (oh, perdón, no es aborto, es "interrupción del embarazo") sin consultar a sus votantes (que por cierto, una de las propuestas del perredista López era someter esa clase de decisiones a referéndum). Por otro lado, tenemos a una derecha que en vista de que a todas luces va a perder esa batalla legislativa, está acudiendo a sectores de la población que históricamente se les ha sacado de la participación política (léase: la Iglesia).

Siento que aparte de los dimes y diretes políticos, existe un problema de desinformación masiva.
La gran mayoría de las personas estaría de acuerdo con que las mujeres abortaran en caso de violación, males genéticos del bebé o peligro de muerte para la madre. Sólo hay un (enorme) problema con eso. Ya es legal.
Durante la administración de Rosario Robles se aprobaron esas como las causales para provocar un aborto de manera legal. Al parecer la famosísima Ley Robles se les está olvidando incluso a los perredistas que la formularon.

Otro problema (y muy grave) es el hecho que una fuerza enorme esté entrometiéndose en el debate nacional. Naturalmente estoy hablando del Papa.
Estoy totalmente de acuerdo con que la Iglesia se manifieste; es una institución de culto y espiritual y tiene derecho a tener sus dogmas. Lo que es cierto es que Ratzinger no debería tener derecho de manifestarse, no por ser Papa, sino porque a final de cuentas es un jefe de Estado y se puede ver como un acto injerencista.

Para agregar más a los problemas es la falta de intercambio y participación entre los partidos y los ciudadanos.
Para ejemplificar esto, uso las palabras de la dirigente del PAN en el DF en una entrevista con Adela Micha. El PAN insiste en que se debe llevar a referéndum esa modificación al código penal con el argumento (dogma de fe, que dijo Micha) de que si se le informa en plenitud a la población, votarían en contra. A pregunta expresa de qué haría el PAN si la ciudadanía dijera que sí quiere el aborto, respondió que aún así el PAN mantendría su posición.
Hay aquí una contradicción enorme entre el discurso de preguntar al de seguir el mandato popular y me atrevo a hacer una pregunta todavía más atinada: si el PAN no está dispuesto a seguir el mandato ciudadano por medio de una vía que ellos proponen, ¿realmente el PRD estaría no obligado, sino medianamente dispuesto a acatar la voluntad del referéndum? Yo respondería que no, pero de nuevo, no soy político.

En resumen: la izquierda debería admitir que todas las manifestaciones de ciudadanía organizada son opinión pública válida, no sólo las que ellos organizan. La derecha debería de dejar de acudir a organizaciones religiosas para evitar conflictos con la historia del país. El debate debería efectuarse en un marco más igualitario (algo imposible) o que en serio se hiciera un referéndum y que el diputado de ese sector votara de acuerdo a lo que sus representados digan.

jueves, 15 de marzo de 2007

Feliz cumpleaños


"Hoy es uno de esos días en los que lo malo de uno, son los demás"

No, no se preocupen mis 3.14 lectores; no me he vuelto un escritor de un blog fatuo; simplemente estoy dedicando esta entrada para conmemorar los 45 años de la publicación de una tira cómica que revolucionó mi mundo.
Naturalmente no estoy hablando de Pearls Before Swine (hermosa, por cierto; humor con animales antropomórficos atinados) ni mucho menos de Sinfest (Tatsuya es un genio... yo se los digo) sino de la creación de Su Santidad Quino: Mafalda.

Humor realista desde la perspectiva inocente; una aproximación al mundo desde lo más lejano que hay: la niñez.
Cinismo en lugar de escapismo. Es una forma complicada de enfrentar la realidad, sobretodo en una época en la que es tan fácil prender la televisión y olvidarse de lo que pasa en realidad para volar en un universo de estupidez.

According to Pac quiere hacer un pequeño homenaje a Mafalda (y Felipe, Manolito, Susanita, Libertad, Guille, Miguelito, Raquel, el innombrado padre de Mafalda y extras) y espero que se den un pequeño tiempo de leer Mafalda y reflexionar.

lunes, 19 de febrero de 2007

PAC-MAGAZINE

En realidad esto no es nada serio, pero en un momento de ociosidad (y necesidad) usé un programa de edición de revistas, y esto fue lo que salió
http://geocities.com/pacofiles/pacmagazine.pdf

Chance lo hago más seguido, cuando la creatividad no me de para una entrada formal de According to Pac, pero sí algo de humor sin sentido.

Diviértanse, mis dos lectores.

domingo, 7 de enero de 2007

Comandante Supremo Chaparrito de Lentes... PRESENTE

Basta de temas filosóficos, profundos y trascendentales de la vida (nota del escritor: ay ya no la friegues, no te eches flores) y regresemos a la crema y nata de lo que According to Pac debería ser: un blog de actualidad(es).

Es momento de hablar de un tema levemente escalofriante desde el punto de vista de gente liberal o de uno de extrema necesidad, desde gente más conservadora: la tendencia militarista de Nuestro Señor Felipe de Jesús Calderón.

Vayámonos a un poco de teoría primero. Honestamente me choca eso de andar citando autores supernombrados porque eso sólo suele demostrar una incapacidad de la gente a conjeturar más allá de lo que un monolito bien renombrado dijo (y que tiene la enorme ventaja de estar muerto), sin embargo, siempre es lindo apoyarse en gente que ha demostrado con el tiempo que le atinó o por ser bien lista o simplemente porque en ese momento andaba de suspicaz.... AL CASO (no me vaya a ir de tema como acostumbro). Según nuestro queridísimo Max Weber, el Estado es la institución con el uso legítimo de la fuerza pública.
Esa pequeña oración incluye todo uso de fuerza, desde el poli de la esquina que te cuida la casa cuando sales (que es una excusa para cobrarte "la navidaaad, joveeen") hasta la más impresionante institución que un país que se de a respetar tiene: el ejército.

De manera de güasa, solemos decir que el ejército mexicano es una manada de inditos con resorteras (o despectivos por el estilo), pero más allá de la lista interminable de escapadas humorísticas a nuestra realidad, tenemos que enfrentarnos a algo bastante impresionante: el ejército es y sigue siendo la fuerza pública en su máxima extensión; son una de las instituciones que el consenso mexicano respeta todavía y sobretodo, son notablemente eficientes debido a la instrucción y disciplina militar.

El gobierno de Calderón empezó de una forma bastante turbulenta: un intento de golpe por parte de los perredistas (o bien, un fallido intento de detener a un gobierno espurio y de pura fachada, según el punto de vista) un discurso bastante ensayado en un ambiente bastante ensayado con gente bastante ensayada (en el Auditorio Nacional) y una revista a las fuerzas armadas poco convencional; nuestro querido chaparrito pelón de lentes prometió un aumento de sueldo, pero es de destacarse que lo prometió a la tropa, cosa que pocas veces pasa.
Esa fue la primera señal de alerta que noté, y era apenas el primer día del que aparenta ser uno de los sexenios más extraños de toda la historia "moderna" de México.

La segunda señal de alarma fue un spot publicitario del gobierno federal, en el que te repiten hasta el cansancio (uno pensaría locamente que Fox contrató friegos de tiempo en televisión que ahora Calderón tiene que utilizar) que las fuerzas armadas protegerán a las instituciones y a la seguridad de los mexicanos. Lo de la seguridad no me espanta, pero eso de proteger las instituciones es definitivamente un mensaje claro para los dos factores desestabilizadores del Estado mexicano como tal: la oposición activa y el narcotráfico.
Hablar de la contraposición de significados entre "Al diablo con las instituciones" y "el ejército y marina defenderán a las instituciones" es innecesario y bastante obvio, sin embargo, el narco es un factor que por todo el revuelo que causó el problema electoral dejó de tener peso mediático por algún tiempo, pero que resucitó de pronto para finales del año pasado.

El tercer campanazo fue el operativo Michoacán. Me parece sumamente interesante que haya sido el estado natal de Calderón el primer objetivo de los operativos militares para pegarle al narco. Más allá de que es un problema generalizado y que el narcoestado mantiene a raya a gobiernos municipales, estatales e incluso federal, podría ser un indicador de que Calderón quiere mostrar que primero se empieza en casa, para después poder mantener a raya todo ese factor de posible debacle por medio del ejército.
La AFI fue una de las pocas creaciones eficientes del gobierno de Fox; aunque nunca llegará al grado de las agencias de investigación del primer mundo (el FBI y la KGB nunca van a querer clases de la AFI), sí fue un primer paso para adquirir de manera eficiente y organizada inteligencia en contra de la delincuencia, sin embargo, ¿por qué Calderón prefirió utilizar el ejército?
La respuesta más obvia es que el ejército está mejor armado, es más organizado y que siendo un problema de seguridad nacional es más prudente meter a una organización dispuesta a romperse la cara, sin embargo, considero que hay otra que puede ser relacionada con el último timbrazo: el discurso recurrente (iba a decir chascarrillo, pero me cae que me vienen a violar los militares) de que él es el jefe supremo de las fuerzas armadas.
Decir que él no tiene ese título sería bastante tonto (y sumamente anticonstitucional), sin embargo, hacía ya mucho que no se intentaba militarizar la presidencia (y al parecer desde que dejaron de ser militares, se intentó usar a la presidencia más bien como una institución civil), sin embargo, el hecho de que haya aparecido con uniforme de campaña es un atinadísimo indicador de que o el hombre no sabe ni letra de etiqueta militar, o que está regresando (si consciente o inconscientemente, ya es otra cosa) a la usansa de que las fuerzas armadas están a disposición del presidente.

Queda ver en los próximos no años, sino meses qué pasa; es probable que los operativos [nombre de Estado] sean recurrentes, porque son golpes mediáticos bien efectivos (que aprovechan la popularidad que ya mencioné del ejército), sin embargo, si empieza a haber más movimientos militares, habrá que revisar desde otro punto de vista qué posibles proyecciones puede haber para esa institución, porque o puede ser que Calderón quiera meter orden a fuerza (y se requiere mucha fuerza para deshacer el desorden que armó Fox [aunque la maña sería más adecuada]) o bien, tal vez resulte que nunca creció y sigue jugando al general como cuando uno juega con los hombres verdes en su cuarto.