Estando a escazas dos semanas del primer informe de gobierno del Chaparrito Pelón de Lentes, estamos viviendo otro (sí, otro) momento de turbulencia política en México.
Como si hubiéramos secuestrado al doctor Brown de Back to the Future (sólo que sin DeLorean) nuestra política ha regresado a exactamente el mismo discurso que hace poco; un lado diciendo que se deben defender las instituciones, promover el diálogo y buscar una "buena ley", citando a Calderón que a su vez citó a Morelos (que por cierto qué chacales están los anuncios de Banxico de "no me arrugues, no me ralles") sin poder en realidad poder poner una redacción correcta sobre qué diablos es una buena ley.
Del otro lado tenemos un PRD enfrascado todavía en el pasado, reiterando su desconocimiento al Chaparrito Pelón de Lentes pero que hoy "renovó" sus estatutos en una sesión general muy turbulenta en donde encuentro una cosa sumamente rescatable: por fin algún perredista tomó un momento de autocrítica, dándose cuenta que en el momento en el que el PRD se aisló de las demás fuerzas políticas del país, tuvo un retroceso de una asumida victoria presidencial en 1988 con Cárdenas a ser reducida por casi 10 años a la tercera fuerza federal. El PRD no puede continuar creyendo que existe en una burbuja discursiva separada a la realidad nacional no sólo por el bien de sus propios intereses sino porque es un hecho que es necesario un contrapeso al PAN y las facciones afines del PRI.
No hay gran problema con que el PRD quiera impulsar la agenda que proponía en su campaña presidencial López, pero sí hay algo de problema cuando quieren utilizar el capital político que se puede generar en el congreso al mismo tiempo que desconocen a Calderón y reconocen a López como su supremo comandante.
Regresando al tema del informe, en México somos una bandada de animales coyunturales; si va a haber elección, se habla de reforma electoral. Si va a haber votación de misceláneas fiscales, se habla de reforma hacendaria. Si va a haber informe de gobierno, espurio o no se habla de, así es, reformas al formato del informe presidencial.
Difiero radicalmente con los que dicen que fue una buena movida de Calderón llamar al debate directo en la Cámara el día del informe por la simple razón de que el debate es imposible. Lo demuestro con una (muy) falible fórmula matemática:
500 diputados+128 senadores+(PANX5+PRIX6+PRDX20) paleros+1 Chaparrito Pelón=Desmadre
Calderón intenta engañar a la opinión pública (estrategia válida por completo) dando una idea de apertura al diálogo mientras que es bastante evidente que, comprobado por mi fórmula (o por un acto de lógica, lo que mis inexistentes lectores prefieran), sólo llevaría a un peor debilitamiento de la ceremonia del informe. Si en verdad se quisiera un debate directo, una alternativa sería directamente hacerlo con los líderes de las bancadas de los partidos en una sesión aparte, en donde pudieran cuestionar al presidente y a los secretarios de Estado directamente acerca de sus acciones.
No es culpa de Calderón que el debate sea imposible; es una realidad más profunda y horrible a la que nos enfrentamos: en México nos da flojera debatir y es hasta cierto punto comprensible… ¿para qué debatir si es más fácil gritar?; ¿por qué hemos de discutir si es más fácil bloquear calles?; ¿por qué voy a escuchar al otro si es más fácil basar mis discursos en dogmas de alguna fe religiosa?
Como resumen: el PRD está en una encrucijada muy peligrosa de la cual me atrevo a decir que va a depender gran parte de su futuro inmediato, en particular los estados en disputa este año y a menor medida, su participación en el congreso en las intermedias de 2009. Si mantienen una posición totalmente doctrinaria como hasta el momento siguiendo irremediablemente los dictámenes que su mesías personal crea, negándole el acceso a Calderón al que puede ser el último informe de gobierno como estamos acostumbrados, entonces estarán mostrando que como partido no aprendieron nada y que pasarán por sequías de votos como en las últimas elecciones estatales en donde perdieron a gran parte del voto flotante que López a base de carisma consiguió, pero perdió a base de acciones vandálicas. La otra opción es que se repiensen como una opción coherente de izquierda que el país necesita urgentemente, una opción que sepa ser oposición y no sólo una barrera, dispuesta a integrar plataformas sociales y de asistencia pública al proyecto federal de estabilidad macroeconómica, que esté dispuesto a nivelar las demandas de justicia social con las de seguridad física que tanto necesita el país.
Más que en manos del PAN, el futuro inmediato del país está en las del PRD; si fallan en renovarse, dejarán que el PRIAN que ellos mismos construyeron apague las llamas de izquierda. Si logran reincorporarse, se podrían volver una opción de izquierda coherente.
