En vista de que a todos les gusta adelantar el año, en lugar de ofrecerles un festival de navidad con pésimas analogías al santo clós, los reyes vagos y toda esa parafernalia, en According to Pac festejaremos el fin de año haciendo un recuento de los personajes más importantes de la política mexicana (las primeras entregas) y la internacional (las que no son primeras, pues sí…).
Empecemos pues…
Felipe Calderón Hinojosa
Es imposible pensar el año 2007 sin hablar de nuestro muy estimable Chaparrito Pelón de Lentes. Un sector habla de un presidente espurio, sin mayor poder que el constitucional (curioso, porque usualmente el poder constitucional es el máximo en el Estado) y otro de un presidente progresista, con visión y que cumple sus metas.
Estas dos aproximaciones a FCH, inherentemente opuestas en discurso, son apenas un índice de lo que ha sido la primera parte de su sexenio.
Primeramente, tengo que admitir que ha ido de menos a más. Cuando tomó posesión, parecería como si se hubiera escapado del bolsillo de Fox en el que iba escondido para saltar a la tribuna de la Cámara de Diputados, tomar posesión y sólo volverse a esconder, sin embargo, poco después empezó con una retórica sumamente fuerte, siempre tendiendo hacia el lado de la conservación legítima de la fuerza del Estado.
Este hecho es visible desde dos ángulos, uno, busca restaurar el Estado de derecho que se perdió en el país por la mano blanda (aunque grande) de Vicente Fox y Doña Martha. Otra lectura, igual de extrema, es que es un presidente que le tiene miedo a su gente y se esconde detrás de los soldaditos de plástico.
Considero que ambas lecturas son matizables (eufemismo para decir que son una total jalada) en tanto que sí es un hecho que la restauración del orden es necesaria, pero también es cierto que el saco militar le queda grande (no, en serio, las primeras veces que salió disfrazado de militar, el general muerto era más robusto).
Eventualmente salimos del discurso militarista para llegar a uno más conciliador hacia mediados de año, en donde ha tenido que empezar a hacer el resto de los roles de presidente de la república que van desde negociación de sus locas ideas para reformas (ya escribí en un post anterior acerca de ellas), reconciliarse con los partidos políticos de oposición y también de empezar una política exterior real.
Tengo que destacar la política exterior calderonista, aunque he de admitir que tal vez parece más de lo que es en realidad por la comparación con la inane política foxista. El reacercamiento diplomático con el gobierno de Chávez no es un asunto que me tenga con gran cuidado, sin embargo, después de la campaña de desprestigio y analogías que se establecían entre López y Chávez, es de destacar que al menos ambos presidentes se pueden ver sin escupirse. Más allá de lo que se pudiera ganar con una relación diplomática con Venezuela, es más de notar que está buscando el reencuentro con América Latina; sin el bloque completo de los países del sur del Río Bravo hasta la Patagonia, México no puede progresar y probablemente el resto tampoco.
El sexenio calderonista, sin embargo, ha estado cargado evidentemente de deudas políticas con algunos sectores que lo llevaron al poder. En particular quiero destacar a la “maestra” Gordillo. Es inaceptable la relación Gordillo-Calderón y se volvió aún más inaceptable cuando Gordillo empezó a denostar las acciones de Josefina Vázquez Mota (Secretaria de Educación Pública) en público. Es totalmente estúpido por parte de un líder admitir que un extraño insulte a un miembro de su gabinete y salga totalmente impune. La relación Calderón-Gordillo también ha repercutido en el sector educativo, pero eso va para la entrada de la maestra huachinanga.
Otro enorme desacierto del calderonismo ha sido la ineficiencia de poder reflejar la estabilidad macroeconómica a un nivel micro. Entiendo por completo que es necesario un balance en la (oh, la redundancia) balanza de pagos y un correcto manejo de las reservas internacionales, sin embargo, un porcentaje altísimo de la población no tiene ni la más remota idea de para qué sirve eso y, hasta cierto punto, me choca que me digan que vamos tan bien y que mi coca cueste cada vez más.
El signo más evidente de esa desatinadez calderonista fue el llamado “tortillazo”. Es totalmente cierto que el gobierno es incapaz de controlar el precio de la tortilla (no, no es un intento de la élite de matar de hambre a los pobres, como alegaría López), pero también es cierto que el “pacto de estabilización” que se firmó en particular con los socios del Antad no soluciona nada. Como lo he mencionado, somos animales coyunturales; abordó el gobierno el hecho que la tortilla sube y da un subsidio, pero no ataca el problema de raíz: la inhabilidad del campo mexicano para producir aún para consumo interno. Es un total disparate que México tenga que importar maíz y es una sinrazón aún más grande que se mande el poco maíz que hay a la frontera del lado de Estados Unidos, se procese como harina y se regrese. Caso parecido va con el petróleo. El fracaso de instalar una refinería en Centroamérica es un total fracaso del gobierno mexicano. Vamos a seguir extrayendo cantidades brutales de petróleo, vendiéndolas a precios miserables, esperando a que lo transformen en Estados Unidos y comprarlo en forma de gasolina.
Es de destacarse que aunque el gobierno federal tiene muchos errores, varios de ellos no son directamente culpa de la cabeza actual. Culpar a Calderón del TLC sería tan ilógico como culpar a Mickey Mouse del holocausto. Sigue siendo el mismo sistema, sin embargo, ligar o que se hace deliberadamente para atacar a los pobres o que ellos deciden directamente las riendas del mercado es un total disparate.
Dejé deliberadamente al último su condición de “espuriedad” más que para dar una opinión, para dejar la reflexión en la mesa para la siguiente entrada (la de AMLO)… ¿Realmente la falta de legitimidad del gobierno federal en cabeza del presidente está encarnada en Calderón o será que desde Madero (y eso cuestionablemente) no hemos tenido un presidente que haya sido elegido por elecciones libres? ¿En realidad la aparente falta de democracia en México es debida al aparente fraude electoral de 2006, o en realidad es un problema de fondo que llevamos cargando?. Mi opinión personal sobre la legitimidad de Calderón es un tono de gris marcado. Considero que en efecto, hubo alguna campaña sucia en contra de otros candidatos, sin embargo, no considero que haya habido un fraude en tanto a conteo de votos. Su legitimidad inicial estaba en disputa, sin embargo, es determinante en última instancia que él es el que posee el poder del, eh, poder ejecutivo mexicano. No es eso signo inminente de respeto (una autoridad, o cualquier persona merece un nivel estándar de respeto, pero el resto se lo tiene que ganar) sin embargo, considero inútil subirse al caballo de lo espurio para evitar una realidad inminente.
Este punto de vista se matizará fuertemente en la entrada acerca de López Obrador ya que considero que tiene enormes virtudes, pero este punto en particular es lo que está estancando al discurso político en general en todo el país y del que si no salimos, tendremos en 2008 una película que bien podría ser llamada El regreso de 2007, con los mismos protagonistas, la misma trama y sin siquiera un tío de armadura negra que grite “YO SOY TU PADRE”.
