Basta de temas filosóficos, profundos y trascendentales de la vida (nota del escritor: ay ya no la friegues, no te eches flores) y regresemos a la crema y nata de lo que According to Pac debería ser: un blog de actualidad(es).
Es momento de hablar de un tema levemente escalofriante desde el punto de vista de gente liberal o de uno de extrema necesidad, desde gente más conservadora: la tendencia militarista de Nuestro Señor Felipe de Jesús Calderón.
Vayámonos a un poco de teoría primero. Honestamente me choca eso de andar citando autores supernombrados porque eso sólo suele demostrar una incapacidad de la gente a conjeturar más allá de lo que un monolito bien renombrado dijo (y que tiene la enorme ventaja de estar muerto), sin embargo, siempre es lindo apoyarse en gente que ha demostrado con el tiempo que le atinó o por ser bien lista o simplemente porque en ese momento andaba de suspicaz.... AL CASO (no me vaya a ir de tema como acostumbro). Según nuestro queridísimo Max Weber, el Estado es la institución con el uso legítimo de la fuerza pública.
Esa pequeña oración incluye todo uso de fuerza, desde el poli de la esquina que te cuida la casa cuando sales (que es una excusa para cobrarte "la navidaaad, joveeen") hasta la más impresionante institución que un país que se de a respetar tiene: el ejército.
De manera de güasa, solemos decir que el ejército mexicano es una manada de inditos con resorteras (o despectivos por el estilo), pero más allá de la lista interminable de escapadas humorísticas a nuestra realidad, tenemos que enfrentarnos a algo bastante impresionante: el ejército es y sigue siendo la fuerza pública en su máxima extensión; son una de las instituciones que el consenso mexicano respeta todavía y sobretodo, son notablemente eficientes debido a la instrucción y disciplina militar.
El gobierno de Calderón empezó de una forma bastante turbulenta: un intento de golpe por parte de los perredistas (o bien, un fallido intento de detener a un gobierno espurio y de pura fachada, según el punto de vista) un discurso bastante ensayado en un ambiente bastante ensayado con gente bastante ensayada (en el Auditorio Nacional) y una revista a las fuerzas armadas poco convencional; nuestro querido chaparrito pelón de lentes prometió un aumento de sueldo, pero es de destacarse que lo prometió a la tropa, cosa que pocas veces pasa.
Esa fue la primera señal de alerta que noté, y era apenas el primer día del que aparenta ser uno de los sexenios más extraños de toda la historia "moderna" de México.
La segunda señal de alarma fue un spot publicitario del gobierno federal, en el que te repiten hasta el cansancio (uno pensaría locamente que Fox contrató friegos de tiempo en televisión que ahora Calderón tiene que utilizar) que las fuerzas armadas protegerán a las instituciones y a la seguridad de los mexicanos. Lo de la seguridad no me espanta, pero eso de proteger las instituciones es definitivamente un mensaje claro para los dos factores desestabilizadores del Estado mexicano como tal: la oposición activa y el narcotráfico.
Hablar de la contraposición de significados entre "Al diablo con las instituciones" y "el ejército y marina defenderán a las instituciones" es innecesario y bastante obvio, sin embargo, el narco es un factor que por todo el revuelo que causó el problema electoral dejó de tener peso mediático por algún tiempo, pero que resucitó de pronto para finales del año pasado.
El tercer campanazo fue el operativo Michoacán. Me parece sumamente interesante que haya sido el estado natal de Calderón el primer objetivo de los operativos militares para pegarle al narco. Más allá de que es un problema generalizado y que el narcoestado mantiene a raya a gobiernos municipales, estatales e incluso federal, podría ser un indicador de que Calderón quiere mostrar que primero se empieza en casa, para después poder mantener a raya todo ese factor de posible debacle por medio del ejército.
La AFI fue una de las pocas creaciones eficientes del gobierno de Fox; aunque nunca llegará al grado de las agencias de investigación del primer mundo (el FBI y la KGB nunca van a querer clases de la AFI), sí fue un primer paso para adquirir de manera eficiente y organizada inteligencia en contra de la delincuencia, sin embargo, ¿por qué Calderón prefirió utilizar el ejército?
La respuesta más obvia es que el ejército está mejor armado, es más organizado y que siendo un problema de seguridad nacional es más prudente meter a una organización dispuesta a romperse la cara, sin embargo, considero que hay otra que puede ser relacionada con el último timbrazo: el discurso recurrente (iba a decir chascarrillo, pero me cae que me vienen a violar los militares) de que él es el jefe supremo de las fuerzas armadas.
Decir que él no tiene ese título sería bastante tonto (y sumamente anticonstitucional), sin embargo, hacía ya mucho que no se intentaba militarizar la presidencia (y al parecer desde que dejaron de ser militares, se intentó usar a la presidencia más bien como una institución civil), sin embargo, el hecho de que haya aparecido con uniforme de campaña es un atinadísimo indicador de que o el hombre no sabe ni letra de etiqueta militar, o que está regresando (si consciente o inconscientemente, ya es otra cosa) a la usansa de que las fuerzas armadas están a disposición del presidente.
Queda ver en los próximos no años, sino meses qué pasa; es probable que los operativos [nombre de Estado] sean recurrentes, porque son golpes mediáticos bien efectivos (que aprovechan la popularidad que ya mencioné del ejército), sin embargo, si empieza a haber más movimientos militares, habrá que revisar desde otro punto de vista qué posibles proyecciones puede haber para esa institución, porque o puede ser que Calderón quiera meter orden a fuerza (y se requiere mucha fuerza para deshacer el desorden que armó Fox [aunque la maña sería más adecuada]) o bien, tal vez resulte que nunca creció y sigue jugando al general como cuando uno juega con los hombres verdes en su cuarto.
domingo, 7 de enero de 2007
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