Para conmemorar el aniversario del famosísimo Grito de Dolores (que, como dato cultural, el 16 de septiembre de 1810 fue domingo), According to Pac se viste de verde, blanco y rojo con unas cuantas reflexiones acerca del tema.
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“Uno loquito, el otro manquito”
En una sección de la versión virtual de Reforma llamada muy atinadamente “Grillavisión”, hacen la comparación de López Obrador y Calderón en sus respectivos estatus físicos y mentales (no en ese orden). Subidísimo en su caballo de Presidente Pejítimo, AMLO irá al Zócalo y dará su grito para decir que viva México, viva la defensa del petróleo y que viva él. FCH posteriormente entrará con toda la ceremonia protocolaria (y con la respectiva usurpación de señal de todos los canales de tele local) a dar su grito de independencia. La pregunta (muy ociosa) que surge es: ¿cómo va a ondear la bandera Y tocar la campana a la vez nuestro Chaparrito, Pelón, Manco y de Lentes?
El cuadro es bastante cómico y ameritará verlo en televisión, pero amerita más el uso neuronal el hecho de que este grito es un retrato bastante fiel de lo que va del sexenio calderonista. FCH ha tenido que esperar a que los opositores hagan lo que se les dé la gana (bloquear el congreso en el caso de los perredistas, bloquear calles como los maestros, romperlo todo de manera terrorista como el EPR) para que luego él pueda cumplir con las ceremonias que manda la investidura. No impone el orden correcto; sólo espera y luego actúa. Es a veces atinado esperar a que todos armen su teatro para luego ponerse a trabajar, pero desafortunadamente, el Presidente está más manco de lo que aparenta. Una vez que entra a escena, no puede arreglar las cosas porque o está imposibilitado o porque están más descompuestas de lo que parecen.
Sería absurdo pensar que todos los problemas son por culpa de Calderón, pero sería igual de absurdo ver las cosas en un plan de “es que no puede actuar, por eso está así”. Esa aproximación berrinchuda maniató a Fox y a todo México durante un sexenio
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Gastos en todo, menos en lo que se debe
Escuchando el radio me enteré de un dato tan interesante como estresante: en promedio, cada familia mexicana gastará 100 pesos en banderas, cornetas y artículos desechables con motivo de la Independencia. Sí, es cierto, esos cálculos son bastante falaces porque no TODAS las familias van a comprar cosas (yo no compré nada), pero sí la gran mayoría comprarán como mínimo algo de alcohol (nada barato, por cierto) para celebrar.
No estoy en contra de las celebraciones. Son la excusa perfecta para relajarse y sirven en el gran orden de las cosas como una válvula de escape para los problemas comunitarios, pero sí estoy en contra del brutal despilfarre en fiestas en México.
Si extrapolamos la lógica de gastar bien en fiestas no sólo al día del Grito sino a fiestas de XV años, bodas, graduaciones, et al, veríamos que si de por sí el dinero está muy mal distribuido (porque me parece que en un post anterior comprobé que no es que no haya), lo gastamos como país de una manera bastante tonta.
Imaginen, por ejemplo, la fiesta del Santo de un pueblo determinado. Es cierto, la gente está más feliz temporalmente, pero los gastos no compensan ese pequeño brote de felicidad.
En todo caso, aprovecho para desearles feliz conmemoración del Grito (porque la independencia como tal deberíamos celebrarla el 27 de septiembre [y si no saben por qué, corran y estudien Historia]) y si toman, procuren no atropellar gente.
